No sé como empezar esta entrada… Lo que voy a escribir son pensamientos que ya me asaltaban a la cabeza pero que, tras el contacto con una amiga con la que hacía un año que no quedaba, han sido avivados.
A mi alrededor veo cómo la gente mejora, ya no sólo físicamente sino personalmente. Esta situación hace que me replantee mi vida y piense si voy o no por el camino adecuado, tras lo cual empiezo a sentirme bien inferior al resto, bien mediocre por no haber mejorado (en todos o casi todos los aspectos). Es posible que lo haya hecho y que sean los demás y no yo los que se den cuenta, no lo sé. Sólo sé algunas cosas y ésas serán las que voy a comentar.
Durante una gran parte de mi vida ví una persona en el espejo y otra distinta en las fotos, siempre pensé que no era fotogénica pero albergaba la duda de si mi verdadera “identidad” era la que veía en las fotografías. Hoy en día, me miro en el espejo y la mujer que veo es aquella de las fotos pero que nunca reconocí. Me produce cierta angustia porque lo primero que se me pasa por la cabeza es que ésa no soy yo, pero acabo admitiendo lo contrario porque el reflejo del espejo no puede mentir. ¿Acaso siempre he estado viviendo una mentira por salvar mi autoestima?. Yo no soy médico pero creo que el dolor tiene un límite y cuando lo superas te desmayas o dejas de pensar en él para ocuparte de salvar tu propia vida en la situación en la que estés. Es posible que algo parecido me haya ocurrido a mí. En “mi mundo” , yo era una chica guapa e inteligente, pero incomprendida, que no gustaba a los demás tanto como sus amigas porque la actitud o la “labia” superaba a la belleza o a la inteligencia. Eso me salvó de la muerte, si es que alguna vez hubiera llegado a tomarme las pastillas con alcohol que, en ocasiones, llegué a poner “delante de mis narices”. Eso es algo que nunca sabré porque ya no estoy dispuesta a hacerlo. El caso es que tras aprobar selectividad comencé a abandonar la idea de suicidarme. Luego, como la carrera me iba bien, me sentí con fuerzas de reinventarme a mí misma porque me sentía capaz de todo, una decisión crucial y un momento oportuno me habían desviado de la trayectoria que llevaba mi vida. Digamos, que volví a nacer y, esta vez, estaba dispuesta a “comerme el mundo”. Sabía que podía aprobar la carrera y que podía ligarme a casi cualquier hombre y lo demostré. Pero, por algún motivo, comenzaron a torcerse las cosas y, aunque en la universidad me iba bien, veía como los demás eran capaces de hacer cosas con menos esfuerzo y empecé a suspender en la escuela de idiomas. Como es lógico, con estos sucesos académicos y otro suceso con un ligue que tuve (no lo contaré para no alargarme demasiado) volvieron las comparaciones y volvió a sentirse resentida mi autoestima intelectual, social y física.
Como decía al principio, estos días, volví a quedar con una amiga del colegio que, como yo, estuvo algo “apartadilla” del resto de sus compañeros/as, si bien no tanto como yo. Lo cierto es que ya me la había encontrado varias veces y la última vez que la ví antes de quedar con ella, estaba muy guapa. Yo iba con mi novio y él ,que es tan extrovertido con todo el mundo, no abrió la boca. Yo creo que lo hizo por miedo a que yo me pusiese celosa, puesto que sabe como soy yo y no es ajeno a la belleza humana ni a la incomodidad que, a veces, puede causar, sobretodo, en presencia de tu novia. Cuando volví a quedar con ella, llegué puntual y ella aún no había llegado del trabajo, así que cuando yo miré a mi derecha y alguien habló a mi izquierda pensé que me topaba con una desconocida, así que cuando miré quien hablaba ví una top model, pero de 1.65 centímetros, que, encima, o no llevaba maquillaje o como mucho tenía rímmel puesto. Luego, reparé en que era mi amiga. Me dijo lo que me había dicho tantas otras veces cuando me la encontraba, que ella y su novio pensaban que físicamente yo había mejorado montón, que había cambiado mucho, que vestía mejor y, en definitiva, que estaba más guapa en todos los aspectos. Pero yo la miré a ella y le dije lo que yo realmente pensaba, le dije que tenía un pelo precioso y que ella sí que estaba mucho más guapa. Al cabo de unas horas, me contó que había visto un ex- compañero del colegio y que le había tirado los tejos delante de su novia (ya hablaré en otra entrada de lo que pienso sobre el género masculino, bueno, vale, del ser humano. De acuerdo, siendo más justa, del instinto asqueroso, que diga instinto animal del ser humano). Ella sintió empatía y compasión por la novia, que estaba mirando con cara de perro a su novio, e intentó evitar la situación presentando a la amiga con la que estaba; pero el ex- compañero no presentó, en ningún momento, a su novia. Tan sólo se dedicó a decir lo guapa y delgada que estaba mi amiga, mientras la novia “entradita en carnes” permanecía ajena a la conversación escuchándolo todo. Mi amiga me comentó que, seguramente, habría bronca entre ellos después y yo la secundé. Hablando de esto, surgió el tema de las reuniones de antiguos alumnos/as de nuestro colegio, a las cuales ninguna de las dos habíamos ido. Me dijo que le gustaría ir algún día para demostrarles a todos/as cómo están las cosas ahora y ver la situación decrépita en la que están, actualmente, las que eran las chicas guapas de la clase. Yo me reí y le dije que la situación me recordaba a la película “Romy y Michele”, pero dejé bastante claro que yo nunca iría a una reunión de ésas; si no estaba unida a esa gente cuando estaba en el colegio, ¿por qué motivo querría verles ahora?. Es cierto que no me siento en condiciones de hacerle sentir celos a nadie: tengo carrera, pero ellos/as también; tengo pareja (ya sé que uno/a tiene que alardear de sus logros personales y no de si está saliendo con alguien pero, desgraciadamente, lo que te preguntan en cualquier reunión es si tienes pareja) pero ellos/as también y, por mucho que diga mi amiga, cada vez me veo más fea de cara (aunque haya mejorado mi cuerpo)

 

. No obstante, está claro que no quiero ir porque , aunque les desee lo mejor, no significan nada para mí. Juro que ése es el motivo por el que no he querido ir a ninguna reunión, además de que sé que siempre acaban igual: se forman grupitos. Una cosa que se me quedó atrás es que mi amiga se refirió constantemente a su físico cuando dijo que causaría buena impresión a todos aquellos/as que la ignoraban pero omití decirle que nunca se metieron con ella por su físico sino por su personalidad (lo mismo ocurría conmigo), la cual asombrosamente ha cambiado a mejor, si bien siempre la aprecié.
Como siempre me enredo y me desvio del tema central que, en este caso, son esos pensamientos que me acechan todos los días y que, estos días, han sido acentúados con la presencia y la conversación con mi amiga. Pues bien, lo que pienso es que no he conseguido desligarme de la persona que fui y quiero mejorar, no para demostrárselo a nadie (ya no deseo presentarme en una de esas reuniones de ex- alumnos/as para “poner los dientes largos”) sino a mi misma. Está claro que no me avergüenzo de quien he sido, no es eso, es sólo que no debo quedarme anclada en el pasado pensando en lo que pudo haber sido y no fue. Lo que debo hacer es luchar cada día por apreciarme y dejar el pasado donde está sin que cada mal día o cada fracaso me lo devuelva como para decirme que no hay salida. En definitiva, quiero ser la persona que siempre quise ser y las etiquetas nunca me dejaron ser. Actualmente, intento comportarme como deseo ser y voy al gimnasio, aunque no descarto algún día pasar por el quirófano para operarme la nariz.
Estuve dudando si escribir esto, porque a las personas se las debe querer por lo que son y con la personalidad que tengan, pero lo cierto es que me lo debo decir a mí misma: no soy una mujer muy guapa de las que entran en una discoteca y la conquistan (aunque algún piropo recibo en la calle de vez en cuando), pero tampoco de las que la gente mira de reojo como a un insecto. Con respecto a mi personalidad; debo decir que también tengo que mencionarme a mí misma aspectos positivos, pero lo más realistas posibles, para seguir adelante. No obstante, aquí no los expondré porque sino convertiré esta entrada en la entrada más larga de la “minihistoria” de los blogs.

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