LLevo toda mi vida intentando adaptarme a los demás. Después de todo, la adaptación es un mecanismo de supervivencia del ser humano. Tanto es así, que trastornos psicológicos como la fobia a hablar en público se deben al miedo a no estar a la altura de lo que los demás esperan de nosotros. Somos seres sociales por naturaleza (aunque existen teorías que lo contradicen) y en la antigüedad necesitábamos la cooperación para sobrevivir y protegernos de las ciscunstancias externas adversas. Esto no ha desaparecido hoy en día, ya que en nuestros genes almacenamos información milenaria. Por eso, esa necesidad social sigue latente, para darnos cuenta sólo basta con ver cómo los jóvenes se influyen los unos a los otros de tal manera que acaban vistiéndose igual, teniendo las mismas aficiones, gustos, etc. No culpemos a la juventud ni a la sociedad, culpemos, si acaso, a la raza humana o no la culpemos, simplemente, tratemos de aceptarla y quien sabe, quizás sea justo y necesario que sea así y nos hemos creado el pensamiento utópico de que podemos ser diferentes (ver acerca mío).
Bueno, volviendo a mí, he intentado comprender a los demás, aceptarlos y, en ocasiones, parece que lo he conseguido; pero, a veces, ha sido a costa de mí misma. Me he dado cuenta de que me he reinventado a mí misma tantas veces, intentando adaptarme a la sociedad, que ya no sé ni quien soy. No obstante, irónicamente, me conozco más que los que siguen pensando que son ellos mismos; pues no lo son y no lo saben. Marylin Monroe, si no me equivoco, dijo una vez algo así como “cada vez que intento ser yo, sólo consigo ser una parodia de mí misma”. Y, así, es como me siento. Sin darme cuenta intento agradar a los demás y muestro mi mejor faceta para cada ocasión (todos lo hacen, pero no son conscientes de ello). A veces, ha resultado gratificante porque he conseguido lo que he querido y he acercado a mí a las personas que me importan. Sin embargo, la peor soledad que una persona puede sentir es la soledad en compañía. Sí, lo sé, suena a cliché; pero es la pura verdad. Duele ver cómo las personas que más quieres pueden ser las que menos te comprenden y tu deseo por retenerlas contigo, hace que te comportes de otra manera que no es la tuya porque ¿cuántas personas desean tener una charla trascendente acerca de algo?, ¿acaso no son las personas divertidas las que caen bien?. Por lo visto, hay siempre un perfil predilecto de persona para cada ocasión, pero ¿qué pasa si no coincides con ninguno?. Pero, bueno, quiero terminar mi entrada de manera positiva diciendo que tengo una oportunidad por delante: la de volver a encontrarme a mí misma y actúar en consecuencia con el fin de descubrir si puedo estar a gusto con los demás y los demás conmigo sin perder ni un ápice de mi ser y, por supuesto, sin dejar de quererme a mí misma. Aunque cierta personita considera que nunca he dejado de ser yo misma y que con los demás descubro otras facetas reales de mí misma y ¿quién sabe si hasta cierto punto puede ser verdad?. Lo único que sé es que no quiero coger recortes de los otros/as y anhelo ser yo misma en la medida de lo posible.

lauraesfera.jpg
Cambiando de tema, (no del todo) nunca he sido la guapa de la clase, he leído a Nietzche y… me gusta beber Nestea (ver anuncio nuevo de esta marca).

Comparte este artículo: Estos iconos enlazan con otros sitios web donde los usuarios pueden compartir y descubrir nuevas páginas.
  • BarraPunto
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google