Catarsis emocional

Escribir en este blog y, especialmente, en la última entrada no sólo me ha servido para desahogarme sino que me ha permitido ver las cosas desde otra perspectiva. Cuando escribes mandas tu mensaje al exterior y leerlo detenidamente hace que éste deje de formar parte de ti para ser algo en sí mismo. Esto permite interpretarlo como mero/a lector/a y ahí es cuando me doy cuenta de que, pensándolo bien, mi historia personal no es tan negativa y que es mi mente la que se encarga de que así sea. Todo lo que acontece en mi vida es maravilloso, independientemenre de que las experiencias se vivan como buenas o malas, porque me pertenece y la vida será “comedia” (y no tragedia) mientras yo sobreviva en ella. De hecho, lo que realmente importa en esta vida es sobrevivir para “saborearla” día a día. Cada uno de mis días en este lugar llamado “Tierra” es una bendición que no debo desaprovechar y no importa como vayan las cosas o si mis allegados/as me aprecian o no porque, a fin de cuentas, mi vida sólo me pertenece a mí y tampoco creo que yo sea yo y mis circunstancias (como diría José Ortega y Gasset), puesto que al saber que yo sigo existiendo pese a los infortunios ( o los sucesos interpretados como tales) declaro que no sólo estoy por encima de todos ellos sino que no me pertenecen, son sólo sucesos que rodean mi persona y que de ninguna manera la definen.
Haber escrito lo anterior me asombra, ¿acaso significa que estoy mejorando?, ¿será que no soy tan negativa? (cierto es que siempre intento animarme, incluso cuando me atormetan pensamientos negativos) o ¿seré bipolar?.
Una anécdota curiosa es que en mi primera entrada dije que utilizaría este blog a modo de transferencia y estos días leyendo mi revista favorita, “Psicología práctica”, me encontré con un artículo que recomendaba crearse un blog porque, entre otras cosas, libera del estrés y de la tensión acumulada.

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Si las heridas del pasado no se curan y sólo se cicatrizan, debo intentar no volver a abrirlas

No sé como empezar esta entrada… Lo que voy a escribir son pensamientos que ya me asaltaban a la cabeza pero que, tras el contacto con una amiga con la que hacía un año que no quedaba, han sido avivados.
A mi alrededor veo cómo la gente mejora, ya no sólo físicamente sino personalmente. Esta situación hace que me replantee mi vida y piense si voy o no por el camino adecuado, tras lo cual empiezo a sentirme bien inferior al resto, bien mediocre por no haber mejorado (en todos o casi todos los aspectos). Es posible que lo haya hecho y que sean los demás y no yo los que se den cuenta, no lo sé. Sólo sé algunas cosas y ésas serán las que voy a comentar.
Durante una gran parte de mi vida ví una persona en el espejo y otra distinta en las fotos, siempre pensé que no era fotogénica pero albergaba la duda de si mi verdadera “identidad” era la que veía en las fotografías. Hoy en día, me miro en el espejo y la mujer que veo es aquella de las fotos pero que nunca reconocí. Me produce cierta angustia porque lo primero que se me pasa por la cabeza es que ésa no soy yo, pero acabo admitiendo lo contrario porque el reflejo del espejo no puede mentir. ¿Acaso siempre he estado viviendo una mentira por salvar mi autoestima?. Yo no soy médico pero creo que el dolor tiene un límite y cuando lo superas te desmayas o dejas de pensar en él para ocuparte de salvar tu propia vida en la situación en la que estés. Es posible que algo parecido me haya ocurrido a mí. En “mi mundo” , yo era una chica guapa e inteligente, pero incomprendida, que no gustaba a los demás tanto como sus amigas porque la actitud o la “labia” superaba a la belleza o a la inteligencia. Eso me salvó de la muerte, si es que alguna vez hubiera llegado a tomarme las pastillas con alcohol que, en ocasiones, llegué a poner “delante de mis narices”. Eso es algo que nunca sabré porque ya no estoy dispuesta a hacerlo. El caso es que tras aprobar selectividad comencé a abandonar la idea de suicidarme. Luego, como la carrera me iba bien, me sentí con fuerzas de reinventarme a mí misma porque me sentía capaz de todo, una decisión crucial y un momento oportuno me habían desviado de la trayectoria que llevaba mi vida. Digamos, que volví a nacer y, esta vez, estaba dispuesta a “comerme el mundo”. Sabía que podía aprobar la carrera y que podía ligarme a casi cualquier hombre y lo demostré. Pero, por algún motivo, comenzaron a torcerse las cosas y, aunque en la universidad me iba bien, veía como los demás eran capaces de hacer cosas con menos esfuerzo y empecé a suspender en la escuela de idiomas. Como es lógico, con estos sucesos académicos y otro suceso con un ligue que tuve (no lo contaré para no alargarme demasiado) volvieron las comparaciones y volvió a sentirse resentida mi autoestima intelectual, social y física.
Como decía al principio, estos días, volví a quedar con una amiga del colegio que, como yo, estuvo algo “apartadilla” del resto de sus compañeros/as, si bien no tanto como yo. Lo cierto es que ya me la había encontrado varias veces y la última vez que la ví antes de quedar con ella, estaba muy guapa. Yo iba con mi novio y él ,que es tan extrovertido con todo el mundo, no abrió la boca. Yo creo que lo hizo por miedo a que yo me pusiese celosa, puesto que sabe como soy yo y no es ajeno a la belleza humana ni a la incomodidad que, a veces, puede causar, sobretodo, en presencia de tu novia. Cuando volví a quedar con ella, llegué puntual y ella aún no había llegado del trabajo, así que cuando yo miré a mi derecha y alguien habló a mi izquierda pensé que me topaba con una desconocida, así que cuando miré quien hablaba ví una top model, pero de 1.65 centímetros, que, encima, o no llevaba maquillaje o como mucho tenía rímmel puesto. Luego, reparé en que era mi amiga. Me dijo lo que me había dicho tantas otras veces cuando me la encontraba, que ella y su novio pensaban que físicamente yo había mejorado montón, que había cambiado mucho, que vestía mejor y, en definitiva, que estaba más guapa en todos los aspectos. Pero yo la miré a ella y le dije lo que yo realmente pensaba, le dije que tenía un pelo precioso y que ella sí que estaba mucho más guapa. Al cabo de unas horas, me contó que había visto un ex- compañero del colegio y que le había tirado los tejos delante de su novia (ya hablaré en otra entrada de lo que pienso sobre el género masculino, bueno, vale, del ser humano. De acuerdo, siendo más justa, del instinto asqueroso, que diga instinto animal del ser humano). Ella sintió empatía y compasión por la novia, que estaba mirando con cara de perro a su novio, e intentó evitar la situación presentando a la amiga con la que estaba; pero el ex- compañero no presentó, en ningún momento, a su novia. Tan sólo se dedicó a decir lo guapa y delgada que estaba mi amiga, mientras la novia “entradita en carnes” permanecía ajena a la conversación escuchándolo todo. Mi amiga me comentó que, seguramente, habría bronca entre ellos después y yo la secundé. Hablando de esto, surgió el tema de las reuniones de antiguos alumnos/as de nuestro colegio, a las cuales ninguna de las dos habíamos ido. Me dijo que le gustaría ir algún día para demostrarles a todos/as cómo están las cosas ahora y ver la situación decrépita en la que están, actualmente, las que eran las chicas guapas de la clase. Yo me reí y le dije que la situación me recordaba a la película “Romy y Michele”, pero dejé bastante claro que yo nunca iría a una reunión de ésas; si no estaba unida a esa gente cuando estaba en el colegio, ¿por qué motivo querría verles ahora?. Es cierto que no me siento en condiciones de hacerle sentir celos a nadie: tengo carrera, pero ellos/as también; tengo pareja (ya sé que uno/a tiene que alardear de sus logros personales y no de si está saliendo con alguien pero, desgraciadamente, lo que te preguntan en cualquier reunión es si tienes pareja) pero ellos/as también y, por mucho que diga mi amiga, cada vez me veo más fea de cara (aunque haya mejorado mi cuerpo)

. No obstante, está claro que no quiero ir porque , aunque les desee lo mejor, no significan nada para mí. Juro que ése es el motivo por el que no he querido ir a ninguna reunión, además de que sé que siempre acaban igual: se forman grupitos. Una cosa que se me quedó atrás es que mi amiga se refirió constantemente a su físico cuando dijo que causaría buena impresión a todos aquellos/as que la ignoraban pero omití decirle que nunca se metieron con ella por su físico sino por su personalidad (lo mismo ocurría conmigo), la cual asombrosamente ha cambiado a mejor, si bien siempre la aprecié.
Como siempre me enredo y me desvio del tema central que, en este caso, son esos pensamientos que me acechan todos los días y que, estos días, han sido acentúados con la presencia y la conversación con mi amiga. Pues bien, lo que pienso es que no he conseguido desligarme de la persona que fui y quiero mejorar, no para demostrárselo a nadie (ya no deseo presentarme en una de esas reuniones de ex- alumnos/as para “poner los dientes largos”) sino a mi misma. Está claro que no me avergüenzo de quien he sido, no es eso, es sólo que no debo quedarme anclada en el pasado pensando en lo que pudo haber sido y no fue. Lo que debo hacer es luchar cada día por apreciarme y dejar el pasado donde está sin que cada mal día o cada fracaso me lo devuelva como para decirme que no hay salida. En definitiva, quiero ser la persona que siempre quise ser y las etiquetas nunca me dejaron ser. Actualmente, intento comportarme como deseo ser y voy al gimnasio, aunque no descarto algún día pasar por el quirófano para operarme la nariz.
Estuve dudando si escribir esto, porque a las personas se las debe querer por lo que son y con la personalidad que tengan, pero lo cierto es que me lo debo decir a mí misma: no soy una mujer muy guapa de las que entran en una discoteca y la conquistan (aunque algún piropo recibo en la calle de vez en cuando), pero tampoco de las que la gente mira de reojo como a un insecto. Con respecto a mi personalidad; debo decir que también tengo que mencionarme a mí misma aspectos positivos, pero lo más realistas posibles, para seguir adelante. No obstante, aquí no los expondré porque sino convertiré esta entrada en la entrada más larga de la “minihistoria” de los blogs.

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Enemigos/as

Considero que los enemigos/as perjudican la vida en muchos sentidos pero, también, pueden aportar tres grandes beneficios (como mínimo): hacerte más fuerte, enseñarte a identificarte con lo contrario a lo que representan (queriendo obrar con buenas acciones hacia los demás) y ayudarte a conocer la mente humana para saber qué se esconde tras las acciones más viles. Con respecto a esto último, añado que la maldad no existe, sólo existe la ignorancia, las experiencias traumáticas (que influyen en conductas futuras) y la falta de empatía.

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Reflexiones

Dios, si existe, creó en el ser humano una maquinaria perfecta sin manual de instrucciones; no hay que ver si no lo capaces que somos de elucubrar profundas reflexiones que no llevan a ninguna parte puesto que parecen no arrojar luz a la oscuridad de la ignorancia en la que nos hallamos inmersos, debida a los nunca revelados secretos de la existencia y del sentido de la vida. Sin embargo, puede ser una idea premeditada del Señor, fuerza cósmica o lo que sea para que el ser humano por sí solo sea capaz de descubrir POR sí mismo y PARA sí mismo qué sentido debe ser atribuido a la vida sin respuestas que le limiten o falsas moralidades.

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Situación vital

Creo que necesito algo, no sé muy bien lo que es pero sé que quiero hacer algo más de lo que hago en esta vida. Me da miedo la mortalidad pero, por encima de todo, me da pavor vivir en vano. Admito que deseo mejorar y conseguir objetivos, pero, a veces, estos deseos no me satisfacen del todo. La razón de esto es que los encuentro muy egoístas, motivados por mi ego. He estado pensando en fines más altruistas como ayudar a los demás pero no sé hasta que punto serviría para algo y ni siquiera estoy al tanto de las necesidades de los demás, lo cual hace que me sienta mal (el nombre de mi blog no hace honor a mí misma).
Muchas veces me dedico a observar a los demás y creo que sus actitudes no muestran que el ser humano sea distinto al resto de los animales. Sin embargo, hay personas que realizan labores humanitarias y me pregunto si son esas mismas personas que observo cada día. Si es así, quizás la vida del ser humano tenga algún sentido. No obstante, me cuesta aceptar la mortalidad, ¿cómo vamos a avanzar en la vida si sólo tenemos una oportunidad? y, además, los años pasan muy deprisa y, sin respuestas, no sabemos a donde dirigirnos. Sinceramente, creo que el ser humano es el invento perfecto jamás creado sin manual de instrucciones.
Volviendo a lo que iba, siento que me falta algo y, quizás, sólo sea un trabajo. Puede que un curro me ayude a llegar a la autorrealización y, al mismo tiempo, me permita hacer algo útil para el mundo.

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Incomprensión

LLevo toda mi vida intentando adaptarme a los demás. Después de todo, la adaptación es un mecanismo de supervivencia del ser humano. Tanto es así, que trastornos psicológicos como la fobia a hablar en público se deben al miedo a no estar a la altura de lo que los demás esperan de nosotros. Somos seres sociales por naturaleza (aunque existen teorías que lo contradicen) y en la antigüedad necesitábamos la cooperación para sobrevivir y protegernos de las ciscunstancias externas adversas. Esto no ha desaparecido hoy en día, ya que en nuestros genes almacenamos información milenaria. Por eso, esa necesidad social sigue latente, para darnos cuenta sólo basta con ver cómo los jóvenes se influyen los unos a los otros de tal manera que acaban vistiéndose igual, teniendo las mismas aficiones, gustos, etc. No culpemos a la juventud ni a la sociedad, culpemos, si acaso, a la raza humana o no la culpemos, simplemente, tratemos de aceptarla y quien sabe, quizás sea justo y necesario que sea así y nos hemos creado el pensamiento utópico de que podemos ser diferentes (ver acerca mío).
Bueno, volviendo a mí, he intentado comprender a los demás, aceptarlos y, en ocasiones, parece que lo he conseguido; pero, a veces, ha sido a costa de mí misma. Me he dado cuenta de que me he reinventado a mí misma tantas veces, intentando adaptarme a la sociedad, que ya no sé ni quien soy. No obstante, irónicamente, me conozco más que los que siguen pensando que son ellos mismos; pues no lo son y no lo saben. Marylin Monroe, si no me equivoco, dijo una vez algo así como “cada vez que intento ser yo, sólo consigo ser una parodia de mí misma”. Y, así, es como me siento. Sin darme cuenta intento agradar a los demás y muestro mi mejor faceta para cada ocasión (todos lo hacen, pero no son conscientes de ello). A veces, ha resultado gratificante porque he conseguido lo que he querido y he acercado a mí a las personas que me importan. Sin embargo, la peor soledad que una persona puede sentir es la soledad en compañía. Sí, lo sé, suena a cliché; pero es la pura verdad. Duele ver cómo las personas que más quieres pueden ser las que menos te comprenden y tu deseo por retenerlas contigo, hace que te comportes de otra manera que no es la tuya porque ¿cuántas personas desean tener una charla trascendente acerca de algo?, ¿acaso no son las personas divertidas las que caen bien?. Por lo visto, hay siempre un perfil predilecto de persona para cada ocasión, pero ¿qué pasa si no coincides con ninguno?. Pero, bueno, quiero terminar mi entrada de manera positiva diciendo que tengo una oportunidad por delante: la de volver a encontrarme a mí misma y actúar en consecuencia con el fin de descubrir si puedo estar a gusto con los demás y los demás conmigo sin perder ni un ápice de mi ser y, por supuesto, sin dejar de quererme a mí misma. Aunque cierta personita considera que nunca he dejado de ser yo misma y que con los demás descubro otras facetas reales de mí misma y ¿quién sabe si hasta cierto punto puede ser verdad?. Lo único que sé es que no quiero coger recortes de los otros/as y anhelo ser yo misma en la medida de lo posible.

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Cambiando de tema, (no del todo) nunca he sido la guapa de la clase, he leído a Nietzche y… me gusta beber Nestea (ver anuncio nuevo de esta marca).

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Ansiedad

ansiedad6.jpgCuando el Superyo y el Ello suponen un conflicto para el Yo, se produce la ansiedad. Quizás, esto tenga algo que ver con lo que siento. No lo digo porque siempre me halle ansiosa sino porque quiero mejorar y mi Id o Ello me lo impide. Ejemplo: a veces, pretendo llegar temprano a algún sitio (mi superego me recuerda que la puntualidad es una virtud) pero algo me entorpece y me impide actuar de la manera apropiada para conseguirlo. Suele ocurrir que tengo la necesidad imperiosa de ir a mi ritmo vital, pasar de todo lo que signifique esfuerzo y frustración o, en ocasiones, tras haber conseguido darme prisa, me despisto y vuelvo al ritmo que me pedía el cuerpo. Pero, claro, el cuerpo obedece a las pautas de mi cerebro que son resultado de costumbres fuertemente arraigadas que han establecido unos patrones mentales de los cuales cuesta escapar e influyen en nuestras sucesivas acciones. ¿Se puede hacer algo para eliminar estas conductas? Por supuesto, pero esto implica intentar hacer lo contrario a lo que se espera y, por tanto, mejorar; con lo cual entra en juego el super yo. Si consigues satisfacer sus demandas, te sientes realizado/a. Ahora, si no lo consigues, te genera un conflicto que da lugar a una frustración que puede llegar a convertirse en ansiedad.
Todo esto no significa que deba claudicar en mis intentos o que hay cosas que no estén hechas para mí. Lo que quiero decir es que si obtengo equilibrio entre las exigencias del Id o Ello y el Superyó puedo ser capaz de cualquier cosa. Conclusión: no debo someterme al Id o Ello o, mejor aún, debo hallar la fórmula por la cual éste se impulse con la motivación del Superego. La imagen perfecta para este colofón es la del jinete que doma al caballo montado sobre éste. El jinete consigue que el caballo trote y éste, a su vez, se impulsa a dirigir su cuerpo según dicten los movimientos del jinete. ¿Produce ansiedad esa imagen? Definitivamente, no. Ahora bien, hay quien dice que es el jinete el que se adapta al caballo y no al revés… montar-a-caballo.jpg

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Mujer racional, hombre pasional

Mi novio y yo somos polos opuestos, siempre me costó comprender el por qué de mi atracción hacia él. Ya sé que se dice que los contrarios se atraen, pero a mí nunca me había gustado un hombre diferente a mí. De hecho, consciente o inconscientemente, iba en la búsqueda de mi alma gemela; los hombres que no se ajustaban a mis cánones (que, ¿curiosamente?, se parecían bastante a mi propia descripción) me causaban rechazo.

Sin embargo, con él fue diferente. Supongo que influyó mucho el que él tuviera cualidades que yo adoraba en un hombre, pese a tener un carácter y una personalidad antagónica a la mía. Con el tiempo, me he dado cuenta del motivo de mi atracción. Yo soy más fría, aunque con él he conseguido ser cariñosa, y racional y él es cariñoso y jovial (aunque esto último lo niegue) y eso hace que yo conecte con mi id o ello y abandone mi estado habitual de proximidad al superego. Con él saco mi lado impulsivo, visceral y pasional; mi instinto primario e, incluso, infantil. Lo curioso es que él dice lo mismo y eso es lo que no me encaja. Ejerciendo yo menos control en mi vida cuando estoy con él, ¿acaso no sería lógico pensar que a mi lado él se torna más contenido en la expresión de sus emociones o actúa de una manera más racional?. Pues , por lo visto, no. Según él, cuando está conmigo se comporta de la misma manera. De todas formas, me he dado cuenta (y él lo nota) de que conmigo se relaja, mientras que yo con él me vuelvo más activa; así que eso significa que no estoy tan desencaminada al pensar que nuestros egos se influyen mutuamente.

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¿Chica buena y/o búsqueda del superego?

Me han regalado un libro que se titula “Las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes”. Cuando lo ví pensé que era una bazofia, creí que era uno de esos libros cursis para tías adolescentes o mayores que aún no han “bajado de la parra” y se sienten modernas y cultas leyendo un libro de mierda que, aunque en teoría pretende hacerlas sentir liberales, lo único que consigue es que las mujeres sigan leyendo sandeces. Pero a medida que lo he ido leyendo, me he dado cuenta de mi craso error, lo que cuenta no sólo es interesante sino que es cierto, o al menos lo es parcialmente. Lo que más me preocupa es que ,quizás, llevo todo este tiempo pensando que me comporto de una determinada manera para satisfacer mi superyó o yo ideal y ,en realidad, he actuado como lo que se esperaba de mí siendo mujer en una sociedad patriarcal (bien analizado es lo mismo porque la naturaleza del superego o yo ideal se basa en las demandas de la sociedad). Ahora me asaltan dudas de todo tipo: ¿Preocuparme por mi aspecto físico no es síntoma de querer subirme la moral sino de querer satisfacer al género masculino?, ¿quiero ser una buena persona porque la sociedad nos inculca que las mujeres debemos ser complacientes?, ¿no haberme comportado como una zorra con los hombres (o de manera impulsiva y coqueta, que queda más bonito) en realidad significa no haber explotado con naturalidad mi sexualidad? ¡Qué dilema Sig!

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Mi visión sobre el sexo

Según Freud, el sexo es la pulsión más importante a la cual se debe dar satisfacción. La libido es una energía que nos impulsa en la vida a buscar el sexo u otra forma de catalizarla. Mi visión al respecto, refiriéndome al sexo, es que,más que una energía que nos pide la satisfacción de nuestros más íntimos deseos, es una forma de catalizar nuestras frustaciones, miedos, ansiedades, momentos depresivos,… A través de la sexualidad, la agresividad sana o insana que llevamos dentro es liberada de manera agradable y satisfactoria produciéndonos una descarga de emociones reprimidas que son transformadas; de esta forma conseguimos sentirnos mejor con nosotros/as mismos/as y con nuestros sentimientos y lo más importante es que estas emociones que parecen ser “oscuras” acaban convirtiéndose en puras. Así, lo rechazable se convierte en bello y nuestra psique se libera de los pensamientos “tóxicos” que nos abordan en la vida cotidiana.


Al menos, ésta fue mi deducción tras reflexionar mientras tenía el mejor orgasmo de mi vida. Había tenido unos días horribles, repletos de exámenes, de estrés, de sentimientos de incapacidad e inferioridad y la sensación que tuve en ese instante,en el que experimentaba uno de los mayores placeres de mi vida, fue la de sufrir una enorme descarga que me libraba de todas estas tensiones y me despojaba de toda negatividad. No sabría describirlo mejor, pero sentí que me renovaba por dentro.

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